Dispositivos Móviles de Ahora


Para la población que ha estado en contacto con la tecnología y ha seguido de cerca su desarrollo y evolución, es notable el avance y los alcances que tienen los dispositivos móviles, particularmente, los teléfonos inteligentes. Para el resto de la gente, la población en general, los más jóvenes y para quienes se han hecho recientemente de uno de estos artículos, quizá sean sólo una herramienta más; como una caja negra que les sirve para estar en contacto por medio de las redes sociales, sin llegar a percibir que no sólo son un objeto de consumo importante en estos días.

En lo personal, que he tenido la oportunidad de vivir constantemente con la tecnología de la computación, que he podido comparar lo que ahora usamos y lo que antes soñábamos, me sorprende gratamente la capacidad de cómputo que tiene un teléfono inteligente en la actualidad. No importa si es de gama alta o gama media o si es de Apple o de Android o si su cámara es de 40 MP; lo que importa es la capacidad de sorprender a más de uno.

Cuando tuve la oportunidad de hacerme de un PDA (asistente digital personal) tenía en mis manos un pequeño objeto con pantalla de cristal líquido, monocromático, sin capacidad inalámbrica, con memoria limitada a unos cuantos megabytes, un número determinado de funciones (antes no se conocían como Apps o aplicaciones)

Dispositivo portatil
Palm V

 

Era un artículo increíblemente sorprendente. En México habían llegado noticias de que Apple había diseñado un dispositivo portátil del tamaño de la mano, un aparato con capacidad de pantalla táctil, poder de programación avanzado en lenguaje máquina y que podría comunicarse con una PC por medio de cable serial ultra-rápido. Sólo fueron noticias. Nunca pude ver uno de esos equipos en vivo. Era el famoso Norton. Después leí que 3Com pensaba abrir una tienda de distribución en México y que traería la nueva máquina Palm III ya más avanzada pero nunca tuve la oportunidad de tener uno tampoco. Fue hasta 1999 cuando logré por fin tener un Palm V, ya estaba muy desarrollada la tecnología, ya había «Apps» descargables desde la PC y hacía maravillas. Realmente era una joya de la ingeniería. A partir de entonces, la tecnología estuvo más al alcance de la mano, el internet estaba en sus inicios en el país, las noticias ya llegaban con más rapidez y le siguió la Palm m505, que ya tenía pantalla a color. Estos aparatos no tenían capacidad de comunicación alguna.

Paralelamente se estaba desarrollando la tecnología de la telefonía celular; los teléfonos se hacían cada vez más populares, llegaron antes que los PDAs pero no hacían más que permitir al usuario hacer y recibir llamadas; los hubo después otros con capacidad de enviar mensajes de texto corto, más cortos que un twitt de 140 caracteres, ni soñar con Twitter todavía. Pero a algún genio se le ocurrió la magnífica idea de integrar un teléfono celular con un Palm. Nació el teléfono inteligente.

Explico todo esto pero podría escribir un libro cronológicamente estructurado para contextualizar la idea del presente texto. La cascada diaria de sorpresa tras sorpresa al leer los artículos de avances tecnológicos es enorme. Ahora veo mi teléfono celular (que no es el más avanzado, ni mucho menos) y me asombra la cantidad de características que jamás me hubiera podido imaginar tener hace 20 años. Con un microprocesador de 8 núcleos, memoria RAM de 2GB, con 32 o más GB de almacenamiento, conexión inalámbrica de alta velocidad a Internet, un potente sistema posicionador global, cámara digital de 13 MP, reproductor y grabador de audio, infinidad de aplicaciones disponibles para instalar, seguridad de acceso con detector de huella dactilar y muchas bondades tecnológicas más. Todo por el precio de poco más de un par de miles de pesos, es increíble… para mi.

Los chavos de ahora, los ejecutivos milenials, las nuevas generaciones que no conocen los orígenes, no están en el contexto del desarrollo tecnológico. Para ellos así es y así fue siempre. Su capacidad de asombro es poca o nula; se enfoca más en tener el equipo más avanzado tecnológicamente pero sin siquiera saber si realmente lo necesitan tan avanzado. Ya es más un objeto de moda, de lujo o de estatus.